La maldita caja

La maldita caja:
Me levanté por la mañana temprano, madrugador como siempre, como buen vasallo, como buen obrero. Rápidamente me senté en el sofá, abriendo los ojos con fuerza para no quedarme dormido, y recibí mi dosis diaria, mi habitual inyección matutina. Ya podía acudir al trabajo, ya conocía el tema del día.